Tras tres meses de confinamiento en los que el único contacto que hemos tenido J.B. y yo ha sido por mensajes, skipe y teléfono., por fin íbamos a vernos, a tocarnos, a sentirnos. Y ambos teníamos ganas, la verdad. Porque estar en la distancia no ha sido fácil, pero era lo que tocaba. En fin, vamos a lo que interesa. Ambos habíamos fijado la fecha en el calendario, La noche de San Juan. J.B. me envió un taxi que fuera a buscarme a mi casa. Según sus instrucciones, debía llevar un vestido, lo más sexy posible, sin ropa interior debajo, el pelo recogido y no debía olvidarme el collar. Así que antes de salir de casa, puse el collar en mi bolso y en cuanto el taxi llegó, me lo puse. Estaba nerviosa, el corazón me iba a mil. Llegué en poco más de una cuarto de hora a casa de J.B. en la zona alta de la ciudad. Era una casita, no muy grande pero elegante y moderna. Salió él mismo a recibirme a la puerta.
- Bienvenida preciosa. Vamos.
Me hizo entrar.
La casa era hermosa, elegantemente decorada, con numerosas obras de arte por todas partes, aunque supongo es lógico en un tratante de arte. Me fijé en la escalera que llevaba al piso superior y se lo hice saber:
- Preciosa escalera.
- Sí, es bonita y no sabes el juego que puede llegar a dar una escalera - me dijo travieso.
Lo que hizo que me excitara sólo con pensar en todas las posibilidades.
- Desnúdate - me ordenó, sorprendiéndome.
Empezaba el juego. Obviamente obedecí, desnudándome, dejando caer la ropa a mis pies. Cuando estuve totalmente desnuda me cogió de la mano y me dijo:
- Ven, vamos a comprobarlo - añadió, llevándome hasta las escaleras - Quiero que las subas a cuatro patas, como si fueras una gatita.
Me planté en el suelo de a cuatro, dispuesta a obedecer. Y empecé a subir las escalera siguiéndole. Cuando llegamos a la parte superior él me ordenó:
- Levántate y ven para acá.
Me acerqué a él, colocándonos ambos junto a la baranda. Y entonces, me hizo doblar sobre ella quedando con la parte superior de mi cuerpo hacía afuera de está.
- Sujetate a la baranda con ambas manos - me ordenó.
Se sacó unas esposas del bolsillo y las puso de modo que mis manos quedaran cogidas a la baranda. Mi culo estaba expuesto para él. Y no tardó en acariciarlo, primero suavemente, luego me dió una nalgada, luego otra, y otra, alternando una nalga primero y luego otra y haciéndome estremecer. Me las hizo contar y al llegar a veinte se detuvo. Sentía mi ojo enrojecido, caliente. Y entonces J.B. empezó a acariciar mi sexo, pasando sus dedos por mis labios vaginales, buscando mi clítoris, empezó a acariciarlo suavemente, haciendo que poco a poco me fuera excitando. Yo gemía y me estremecía. Metió uno de sus dedos, luego otro. Los movió dentro y fuera, dentro y fuera, hasta llevarme casi al borde del orgasmo. Y entonces los sacó. Vi que se quitaba la ropa y no tardé en sentir su polla tratando de penetrarme. Creo que ambos teniamos hambre de sexo, ambos deseabamos aquello y sentirle por fin dentro de mí, fue maravilloso, después de tres meses, fue lo mejor. Sentí cuanto lo había echado de menos y disfruté, me sumergí en las sensación de sentirle dentro de mí, de tenerle, de que me hiciera suya, del placer mutuo y fue maravilloso. Cuando terminamos, me desató, me abrazó y nos quedamos un rato abrazados, disfrutando de aquel momento.
miércoles, 8 de julio de 2020
sábado, 21 de marzo de 2020
EL CEPILLO DE DIENTES
Acababa de salir del trabajo, cuando recibí su llamada. "Ven a la galería y sube a mi despacho y como siempre me esperas allí, como siempre desnuda" Así que nuevamente me dirigí hacía su galería, subí al despacho y le esperé allí, desnuda. No tardó en entrar, y me ordenó:
- Túmbate sobre la mesa boca arriba.
No me había dado cuenta hasta ese momento, pero había puesto una sábana sobre la mesa para que pudiera estar más cómoda.
- Abre las piernas - me ordenó.
Luego ató mis manos y me las hizo poner por encima de mi cabeza y una vez lista, empezó a acariciar mi sexo, suavemente, con sus manos. Acariciando mi clítoris, hasta que logró que empezara a humedecerme. Abrió entonces, un cajón de la mesa y sacó un vibrador, lo pasó por mi sexo suavemente y finalmente lo introdujo en mi, haciéndome estremecer. Y entonces, del mismo cajón sacó un cepillo de dientes eléctrico que puso en marcha y empezó a pasar, primero por mis tetas, excitandome, y después descendiendo por mi sexo, mientras jugaba con el vibrador, metiendolo y sacándolo de mí. Finalmente sacó el vibrador y lo dejó a un lado. Con sus dedos, apresó mi clítoris entre ellos, sacándolo hacía afuera y empezó a acariciarlo con el cepillo de dientes, volviéndome loca de placer. No podía evitar convulsionarme y gemir, excitada, mientras mi Amo me observaba mientras me acariciaba con el cepillo de dientes y decía que lo estaba haciendo muy bien, que le gustaba verme tan excitada, tan puta. Y apunto de correrme J.B. detuvo el cepillo y lo sacó de mi sexo. Se puso frente a mí, se bajó la cremallera del pantalón, sacó su sexo, se puso un condón y sin demasiado preámbulo me penetró y me folló, logrando que me corriera en nada. Luego fué el quien se corrió. Fue una experiencia maravillosa y muy excitante y así se lo hice saber después, durante el Aftercare.
- Túmbate sobre la mesa boca arriba.
No me había dado cuenta hasta ese momento, pero había puesto una sábana sobre la mesa para que pudiera estar más cómoda.
- Abre las piernas - me ordenó.
Luego ató mis manos y me las hizo poner por encima de mi cabeza y una vez lista, empezó a acariciar mi sexo, suavemente, con sus manos. Acariciando mi clítoris, hasta que logró que empezara a humedecerme. Abrió entonces, un cajón de la mesa y sacó un vibrador, lo pasó por mi sexo suavemente y finalmente lo introdujo en mi, haciéndome estremecer. Y entonces, del mismo cajón sacó un cepillo de dientes eléctrico que puso en marcha y empezó a pasar, primero por mis tetas, excitandome, y después descendiendo por mi sexo, mientras jugaba con el vibrador, metiendolo y sacándolo de mí. Finalmente sacó el vibrador y lo dejó a un lado. Con sus dedos, apresó mi clítoris entre ellos, sacándolo hacía afuera y empezó a acariciarlo con el cepillo de dientes, volviéndome loca de placer. No podía evitar convulsionarme y gemir, excitada, mientras mi Amo me observaba mientras me acariciaba con el cepillo de dientes y decía que lo estaba haciendo muy bien, que le gustaba verme tan excitada, tan puta. Y apunto de correrme J.B. detuvo el cepillo y lo sacó de mi sexo. Se puso frente a mí, se bajó la cremallera del pantalón, sacó su sexo, se puso un condón y sin demasiado preámbulo me penetró y me folló, logrando que me corriera en nada. Luego fué el quien se corrió. Fue una experiencia maravillosa y muy excitante y así se lo hice saber después, durante el Aftercare.
lunes, 9 de marzo de 2020
UNA NUEVA LLAMADA
Después de nuestra primera sesión, estuve unos tres o cuatro días sin saber de él. Me preguntaba cuando me llamaría y recordaba constantemente aquella, nuestra primera sesión, que para mí había sido muy placentera. Y cuando pensaba que quizás ya no se acordaba de mí o algo así, recibí una nueva llamada. Yo estaba en una tienda de ropa, con una amiga, comprándome un vestido para la boda de una amiga. Cuando ví que era su número, el corazón me dió un vuelco. Le dije a mi amiga que me disculpara y cogí la llamada.
- Hola Preciosa. ¿Cómo está mi putita?
- Bien, Señor.
- Me alegro. Bien, aquí van mis instrucciones. Vienes a la galería, cuando llegues das una vuelta por la galería de modo que yo vea que has llegado. Luego subes al despacho y como el otro día, te desnudas y me esperas allí. ¿Entendido?
- Sí, Señor.
Le doy una excusa a mi amiga, para deshacerme de ella y después, me voy hacía la galería de J.B.
Cuando llego hago lo que me ha ordenado. Doy una vuelta por la galería, asegurándome de que él me vea y sepa que estoy ahí. Luego me dirijo hacía la escalera y subo a su despacho, mientras oigo como le dice a su compañera que ya es hora de cerrar, que ya se puede ir, que él se encargará de algunas cosas en su despacho. Entro en el despacho y cierro con el cerrojo, luego me desnudo. A los pocos minutos, alguien llama a la puerta, es J.B., le abro y entra.
- Muy bien ¿cómo estás?
- Bien, Señor.
- ¿Cómo han ido estos dias?
- Bien.
- ¿Estas preparada para nuestra siguiente sesión?
- Si, Señor - le respondo.
- Bien, arrodíllate aquí - me indica debajo de unas cuerdas que penden del techo. Lo hago y cogiendo mis muñecas, me ata los brazos a las cuerdas que penden del techo y tira de la cuerda, para que mis brazos queden estirados por encima de mi cabeza. Luego me ata una pierna a una cuerda que está anclada en un clavo del suelo y otra en la otra pierna, de modo que mis piernas quedan abiertas y no puedo cerrarlas. Él se quita la camisa que lleva y se queda solo con el pantalón, se arrodilla a mi lado y empieza a acariciar mis tetas, luego mi sexo, empezando a excitarme. Cuando ya me tiene suficientemente excitada, coge el flogger y empieza a azotarme con él. Azota mis tetas, haciéndome estremecer por el dolor. Tras unos pocos azotes, de nuevo acaricia mis tetas, pellizca mis pezones, haciendo que me retuerza del dolor. Luego acaricia mi sexo otra vez. Me pregunta si estoy lista y luego me dice que hoy haremos algo nuevo, que espera que me guste.
Veo que coge una delgada cuerda que tiene sobre la mesa del despacho y se acerca a mí, me la ata alrededor de mi teta, haciendo que esta quede como si fuera una morcilla, me duele, hizo lo mismo con la otra teta, atándola con otra cuerda. Al terminar, mis tetas estaban rojas y dolían por lo fuerte que me las había atado. Las acarició, pellizco mis pezones y cada gesto hacía que me dolieran. Cogió entonces una paleta y empezó a pegarme con ella en las tetas, el dolor era... buf, punzante, demoledor, no sabía si podría aguantar mucho aquella tortura, pero él parecía disfrutar. Dolia tanto cada golpe que tuve que suplicarle que parara, porque no podía soportarlo, me dijo que se lo pidiera por favor y lo hice. Se detuvo y dejó la paleta sobre la mesa, y volvió para acariciarme el sexo nuevamente. Y entonces sí, sacó el Magic Wand y empezó a acariciarme con él. Y de nuevo, me llevó al orgasmo con él. Cuando terminé de convulsionarme, se puso tras de mí, se bajó el pantalón, se puso un condón y me penetró desde atrás, de nuevo me follo de un modo salvaje, casi animal, y se corrió.
- Hola Preciosa. ¿Cómo está mi putita?
- Bien, Señor.
- Me alegro. Bien, aquí van mis instrucciones. Vienes a la galería, cuando llegues das una vuelta por la galería de modo que yo vea que has llegado. Luego subes al despacho y como el otro día, te desnudas y me esperas allí. ¿Entendido?
- Sí, Señor.
Le doy una excusa a mi amiga, para deshacerme de ella y después, me voy hacía la galería de J.B.
Cuando llego hago lo que me ha ordenado. Doy una vuelta por la galería, asegurándome de que él me vea y sepa que estoy ahí. Luego me dirijo hacía la escalera y subo a su despacho, mientras oigo como le dice a su compañera que ya es hora de cerrar, que ya se puede ir, que él se encargará de algunas cosas en su despacho. Entro en el despacho y cierro con el cerrojo, luego me desnudo. A los pocos minutos, alguien llama a la puerta, es J.B., le abro y entra.
- Muy bien ¿cómo estás?
- Bien, Señor.
- ¿Cómo han ido estos dias?
- Bien.
- ¿Estas preparada para nuestra siguiente sesión?
- Si, Señor - le respondo.
- Bien, arrodíllate aquí - me indica debajo de unas cuerdas que penden del techo. Lo hago y cogiendo mis muñecas, me ata los brazos a las cuerdas que penden del techo y tira de la cuerda, para que mis brazos queden estirados por encima de mi cabeza. Luego me ata una pierna a una cuerda que está anclada en un clavo del suelo y otra en la otra pierna, de modo que mis piernas quedan abiertas y no puedo cerrarlas. Él se quita la camisa que lleva y se queda solo con el pantalón, se arrodilla a mi lado y empieza a acariciar mis tetas, luego mi sexo, empezando a excitarme. Cuando ya me tiene suficientemente excitada, coge el flogger y empieza a azotarme con él. Azota mis tetas, haciéndome estremecer por el dolor. Tras unos pocos azotes, de nuevo acaricia mis tetas, pellizca mis pezones, haciendo que me retuerza del dolor. Luego acaricia mi sexo otra vez. Me pregunta si estoy lista y luego me dice que hoy haremos algo nuevo, que espera que me guste.
Veo que coge una delgada cuerda que tiene sobre la mesa del despacho y se acerca a mí, me la ata alrededor de mi teta, haciendo que esta quede como si fuera una morcilla, me duele, hizo lo mismo con la otra teta, atándola con otra cuerda. Al terminar, mis tetas estaban rojas y dolían por lo fuerte que me las había atado. Las acarició, pellizco mis pezones y cada gesto hacía que me dolieran. Cogió entonces una paleta y empezó a pegarme con ella en las tetas, el dolor era... buf, punzante, demoledor, no sabía si podría aguantar mucho aquella tortura, pero él parecía disfrutar. Dolia tanto cada golpe que tuve que suplicarle que parara, porque no podía soportarlo, me dijo que se lo pidiera por favor y lo hice. Se detuvo y dejó la paleta sobre la mesa, y volvió para acariciarme el sexo nuevamente. Y entonces sí, sacó el Magic Wand y empezó a acariciarme con él. Y de nuevo, me llevó al orgasmo con él. Cuando terminé de convulsionarme, se puso tras de mí, se bajó el pantalón, se puso un condón y me penetró desde atrás, de nuevo me follo de un modo salvaje, casi animal, y se corrió.
miércoles, 26 de febrero de 2020
LA SESIÓN
- Veamos que hay por aquí.
Sacó un flogger y dijo:
- Empezaremos con esto.
Y efectivamente, empezó a azotarme en el culo con el flogger, provocando mis gritos, quemazón en mis nalgas y conseguir que estas se pusieran rojas. Se detuvo un poco, se acercó a mí, y preguntándome:
- ¿Cómo va?
Empezó a acariciar mi sexo suavemente.
Le respondí, que bien, mientras me hacía estremecer acariciando mis labios vaginales y mi clitoris.
Dejó de hacerlo y de nuevo cogió el flogger, volviendo a azotar mi culo con él. Otra vez, los gritos, el dolor, el estremecimiento y otra vez, sus dedos en mi vagina, acariciándome mientras me preguntaba:
- ¿Te gusta esto, zorrita?
- Sí, Señor - le respondí gimoteando de placer.
De nuevo, más azotes y mi cuerpo estremeciéndose por el dolor y a la vez, el placer, un placer desconocido para mi, un deseo que nacia en mí y me hacía desear más. Se detuvo, dejó el flogger a un lado y se acercó a mí, me pegó varias veces en las nalgas con la mano abierta y cuando le pareció que ya era suficiente, se alejó de nuevo, rebuscando en la bolsa. Sacó un consolador, y un bote de crema que untó en el consolador y no tardé en sentir como rozaba la punta del consolador en mi húmeda vagina. Sin duda iba a penetrarme con él. Lo metió despacio, poco a poco, y cuando ya lo tuve dentro, empezó a moverlo dentro y fuera, dentro y fuera, preguntándome:
- ¿Te gusta ser follada por un consolador, putita?
Gemí, suspiré y le respondí que sí. Me encantaba, me volvía loca. Lo movía a un ritmo constante, ni muy rápido ni muy lento, el ritmo exacto para que no me corriera y pudiera aguantar, mientras me decía:
- Esta es lo que quería, ¿verdad putita? ¿que te follara con lo que fuera? Eres realmente una puta, dímelo, dime que eres mi puta.
- Soy tu puta, Señor - le dije, mientras movia el consolador, ahora más rápido, haciéndome estremecer.
Sacó entonces el consolador y volvió a la bolsa a buscar algo. Sacó un Magic Wand. Me sorprendió verlo, pues nunca había visto ninguno tan de cerca. Lo puso en marcha y lo acercó a mi clítoris, empezando a masajear ese zona con el Magic Wand, en pocos segundos, yo ya estaba gimiendo de placer. No me había dado cuenta, quizás porque me estaba dejando llevar por el placer, pero en la otra mano, tenía el consolador, que metió de nuevo en mi vagina. Dios que maravilla, sentir el Magic Wand en mi clítoris, mientras el consolador entraba en mí. Era maravilloso y no tarde en empezar a sentirme realmente excitada, en un camino imparable que sabía me iba a llevar al orgasmo. J.B. me dijo entonces, mientras yo gemía y me retorcía excitada:
- Eres realmente una zorrita, mi puta zorrita.
No pude decir nada, solo gemir y dejarme llevar por el placer que me producían aquellos dos aparatos. Y efectivamente, no tardé en correrme entre espasmos y gritos de placer. Y justo tras mi orgasmo, J.B. se desabrochó el pantalón, sacó su polla, se puso un condón y me penetró, follándome, empujando con fuerza, mientras decía que era su puta, hasta que se corrió.
Entonces me desató y nos sentamos en el sillón, yo encima de él, acariciándome, y diciéndome que lo había hecho bien. Que había sido una maravillosa primera sesión. También me preguntó como me sentía yo y hablamos sobre eso, sobre los sentimientos antes, durante y después de la sesión. Realmente fue una maravillosa primera sesión.
viernes, 21 de febrero de 2020
LAS INSTRUCCIONES
- Esto está a punto de terminar, así que dirígete al piso superior, donde está mi despacho, por la escalera que hay junto a la puerta de entrada. Allí, cierra la puerta con el pestillo, desnúdate y espérame desnuda, cuando llegué tocaré la puerta tres veces seguidas, ábreme.
- Sí, Señor - le respondí.
Hago lo que me ha pedido y subo hasta su despacho, donde tras cerrar con el pestillo, me desnudo y le espero desnuda. Estoy excitada, cada vez más, siento la humedad entre mis piernas. Así que no puedo sentarme, pues mojaría la silla o el sillón que tiene en una esquina del despacho. Puesto que debo estar de pie, decido dar una vuelta por el despacho, observar las fotos que tiene en los estantes, los libros, los pocos papeles que hay sobre la mesa y cuando estoy sumergida en todas esas cosas, oigo que llaman a la puerta tres veces seguidas, sin duda es él. Abro la puerta y él entra. Cierra la puerta tras de si, con el cerrojo y me ordena:
- Date la vuelta y pon tus manos a la espalda.
Obedezco, mientras él se quita la corbata que llevaba puesta durante el evento, y me ata las manos en las espalda con esta.
- Ven - me dice, llevándome hasta la mesa. - Inclínate - me ordena, empujándome del cuello.
Lo hago y entonces, siento que ata mis piernas a las patas de la mesa, de modo que queden abiertas.
- Muy bien, Sumisa Karenc, ¿dispuesta para nuestra primera sesión?
- Sí, Señor - respondí sintiéndome totalmente excitada.
- Bien, pues antes de seguir debo darte algunas instrucciones más, que seguirás cada vez que nos encontramos. Hoy no las voy a tener en consideración, pero la próxima vez sí. ¿De acuerdo?
- Sí, Señor.
- Siempre te pondrás el collar antes de empezar la sesión, te llamaré al móvil para que vengas hasta aqui siempre que vayamos a tener una sesión, cuando te llamé vendrás enseguida, nada de excusas, ni de estoy haciendo esto o aquello y ahora no puedo. Siempre estarás dispuesta para mí, ¿De acuerdo? Esta será una relación sólo de Amo y Sumisa, no creo en el amor dentro del BDSM, así que no te hagas ilusiones, porque no seremos pareja más allá de nuestra relación Amo- Sumisa. Ahora, vamos a ver como te comportas, putita - terminó, acariciando mi culo.
- Uhmm, realmente estás mojada como una puta, ¿quieres que te folle? - me preguntó.
- Sí, Señor - le conteste jadeando, mientras sentía como metía uno de sus dedos dentro de mí.
- Pues ya veremos si lo hago, depende de como te portes, como también puede ser que te folle con otra cosa - añadió introduciendo otro dedo y moviendolos ambos dentro y fuera de mí.
Gemí, excitada. Pero entonces, pillándome totalmente por sorpresa, sacó los dedos y me dió un par de cachetadas en el culo.
Se acercó a un pequeño armario que tenía tras la mesa y sacó una bolsa de deporte que puso sobre la silla diciendo:
- Veamos que hay por aquí.
Sacó un flogger y dijo:
- Empezaremos con esto.
lunes, 17 de febrero de 2020
ENSÉÑAME TU SEXO
J.B. me invitó a una fiesta, después de decirme que nuestra relación Amo- Sumisa ya había empezado y que ese día, ibamos a tener nuestra primera sesión, pero jamás imaginé que todo empezaría allí en aquella fiesta. Antes de que viniera a buscarme a casa, me dijo que me pusiera guapa, con un vestido largo, pero sin ropa interior debajo. Lo hago, aunque me siento extraño. Es la primera vez que voy vestida elegantemente y no llevo ropa interior debajo, lo que me hace sentir un poco incómoda, pero a la vez también me excita.
Pasa a buscarme por mi casa a lo hora acordada y nos vamos hacía la fiesta. Cuando llegamos al lugar donde se realiza la fiesta, antes de salir del coche, me sube la falda, mete mi mano y comprueba si le he hecho caso con lo de la ropa interior.
- Muy bien, vamos, zorra - me dice. Lo que hace que me excite más.
Bajamos del coche y entramos en el local, enseguida me doy cuenta que estamos en una presentación de cuadros de algún pintor que probablemente J.B. conoce. Al ver mi desconcierto, me dice:
- Estamos en mi galería de arte, en la exposición de uno de mis mejores pintores. Luego te lo presentaré. Y sí, nuestra sesión de hoy empezará aquí y quien sabe si se desarrollará y terminará aquí, ya veremos - dijo con cierto tono travieso.
Me siento excitada y la vez un tanto preocupada. Pues como no sé que me va a pedir, me preocupa que sea allí delante de tanta gente.
Tras eso, me presenta al autor de la exposición y después me deja con él, mientras él va a ver y saludar a otras personas, posibles compradores de aquellos cuadros. Yo tras hablar un poco con el autor de los cuadros, decido dar una vuelta por la galería observando los cuadros. Y estoy en un rincón de una de las salas, la más alejada de la puerta de entrada y también la más pequeña, hay sólo un par de cuadros en ella, y casi nadie, excepto yo y otra persona, un hombre mayor. Suena mi móvil, lo saco del pequeño bolso que llevo y es J.B. descuelgo y lo saludo:
- Hola.
- Hola preciosa sumisa. Ahora vas a hacer todo lo que te pida. ¿De acuerdo? sino lo haces tal y como te pido, serás castigada. ¿De acuerdo?
- Sí, Señor.
- Bien, date la vuelta y mira hacía la puerta.
Obedezco y en la puerta de la sala, apoyado en el marco está él, el hombre mayor acaba de abandonar la sala, pero por detrás de él pasa gente. Y entonces me dice:
- Levántate la falda y enséñame tu sexo.
- ¿Aquí, ahora? - le pregunto con cierta duda.
- Sí aquí y ahora, hazlo o te castigaré.
- Si, Señor. - Le respondo y me subo la falda poco a poco, sólo un poco, por la parte delantera, trato de hacerlo disimuladamente, para que la gente que pasa por detrás de él no se de que cuenta de lo que está pasando.
- Muy bien - dice él al ver mi sexo asomar por debajo de la falda.
- Ahora tócate un poco. Pasa tus dedos por tu humedad y luego vienes a mí y me ofreces tus dedos para que los chupe.
Me estoy excitando por minutos, así que lo hago, me acaricio mi sexo, unto mis dedos en mi humedad y tras soltar la falda, con mis dedos húmedos de mi crema, me acerco a él y le ofrezco mis dedos para que los lama. Lo hace, los chupa como si fueran un chupachups, y eso aún me excita más, me imagino su boca, haciendo eso con mi clítoris y siento que me derrito.
- Luego te follaré, pero ahora deja que siga con mi trabajo.
- Si, Señor.
- Te daré instrucciones.
Pasa a buscarme por mi casa a lo hora acordada y nos vamos hacía la fiesta. Cuando llegamos al lugar donde se realiza la fiesta, antes de salir del coche, me sube la falda, mete mi mano y comprueba si le he hecho caso con lo de la ropa interior.
- Muy bien, vamos, zorra - me dice. Lo que hace que me excite más.
Bajamos del coche y entramos en el local, enseguida me doy cuenta que estamos en una presentación de cuadros de algún pintor que probablemente J.B. conoce. Al ver mi desconcierto, me dice:
- Estamos en mi galería de arte, en la exposición de uno de mis mejores pintores. Luego te lo presentaré. Y sí, nuestra sesión de hoy empezará aquí y quien sabe si se desarrollará y terminará aquí, ya veremos - dijo con cierto tono travieso.
Me siento excitada y la vez un tanto preocupada. Pues como no sé que me va a pedir, me preocupa que sea allí delante de tanta gente.
Tras eso, me presenta al autor de la exposición y después me deja con él, mientras él va a ver y saludar a otras personas, posibles compradores de aquellos cuadros. Yo tras hablar un poco con el autor de los cuadros, decido dar una vuelta por la galería observando los cuadros. Y estoy en un rincón de una de las salas, la más alejada de la puerta de entrada y también la más pequeña, hay sólo un par de cuadros en ella, y casi nadie, excepto yo y otra persona, un hombre mayor. Suena mi móvil, lo saco del pequeño bolso que llevo y es J.B. descuelgo y lo saludo:
- Hola.
- Hola preciosa sumisa. Ahora vas a hacer todo lo que te pida. ¿De acuerdo? sino lo haces tal y como te pido, serás castigada. ¿De acuerdo?
- Sí, Señor.
- Bien, date la vuelta y mira hacía la puerta.
Obedezco y en la puerta de la sala, apoyado en el marco está él, el hombre mayor acaba de abandonar la sala, pero por detrás de él pasa gente. Y entonces me dice:
- Levántate la falda y enséñame tu sexo.
- ¿Aquí, ahora? - le pregunto con cierta duda.
- Sí aquí y ahora, hazlo o te castigaré.
- Si, Señor. - Le respondo y me subo la falda poco a poco, sólo un poco, por la parte delantera, trato de hacerlo disimuladamente, para que la gente que pasa por detrás de él no se de que cuenta de lo que está pasando.
- Muy bien - dice él al ver mi sexo asomar por debajo de la falda.
- Ahora tócate un poco. Pasa tus dedos por tu humedad y luego vienes a mí y me ofreces tus dedos para que los chupe.
Me estoy excitando por minutos, así que lo hago, me acaricio mi sexo, unto mis dedos en mi humedad y tras soltar la falda, con mis dedos húmedos de mi crema, me acerco a él y le ofrezco mis dedos para que los lama. Lo hace, los chupa como si fueran un chupachups, y eso aún me excita más, me imagino su boca, haciendo eso con mi clítoris y siento que me derrito.
- Luego te follaré, pero ahora deja que siga con mi trabajo.
- Si, Señor.
- Te daré instrucciones.
miércoles, 12 de febrero de 2020
J.B.
Aquí sigo y aquí estoy de nuevo. Con nuevas ilusiones y nueva etapa y nuevo Dom. Aunque me ha costado aceptar, por todo lo sucedido con mi anterior Dom, que aunque no lo he contado aquí, al final descubrí que era un impostor, pues estaba un poco reacia a aceptar empezar otra relación con un nuevo Dom. Pero gracias a la paciencia que él ha tenido y ha que ha sabido hacer las cosas bien, al final he aceptado empezar una relación con él. Se llama JB. Lo conocí por el foro, ya lo conocía antes de empezar mi relación con mi anterior dom, aunque solo via mail o privado.
Hace ya algunos días, nos conocimos personalmente. Le costó a él convencerme de que nos conociéramos, pero finalmente lo hicimos, salimos unas cuantas veces juntos, hablamos, discutimos, poco a poco se fue ganando mi confianza mostrándose siempre totalmente sincero conmigo. Y hace sólo un par de semanas, me pidió que fuera su sumisa. Me lo pidió de una manera muy bonita y que sé que será algo que no olvidaré nunca. Me llevó a su casa, obviamente tomando las medidas de seguridad que yo creyera conveniente. (O sea que llame a mi mejor amiga al llegar, luego le envie algunos mensajes mientras estaba allí y volvi a llamarla cuando me marché).
Como digo, sacó una cajita de un cajón del mueble del comedor, y mostrándomelo lo abrió mientras me decía:
- ¿Quieres ser mi sumisa?
En la cajita había un collar con un nombre escrito Sumisa Karenc, el corazón me dió un vuelco y por supuesto le dije:
- Sí, quiero.
Me abrazó feliz, y me puso el collar con toda la ceremonia que pudo. Luego me dió algunas instrucciones, como son:
- Me llamarás Señor cada vez que te dirijas a mí en una sesión.
- Limitaremos la relación Amo- Sumisa sólo a las sesiones que realizaremos tres veces por semana a determinar dias y horas.
- Me obedecerás en todo lo que te pida para que seas mi Sumisa.
- Sólo puedes tener un Amo, que soy yo.
- Tu cuerpo, es desde hoy, de mi propiedad.
- No puedes tocarte, acariciar tus pechos, culo y sexo, ni darte placer, sin mi permiso. Seré yo quien lo haga desde ahora.
Acepté todas sus condiciones y así nos convertimos en Amo y Sumisa.
Hace ya algunos días, nos conocimos personalmente. Le costó a él convencerme de que nos conociéramos, pero finalmente lo hicimos, salimos unas cuantas veces juntos, hablamos, discutimos, poco a poco se fue ganando mi confianza mostrándose siempre totalmente sincero conmigo. Y hace sólo un par de semanas, me pidió que fuera su sumisa. Me lo pidió de una manera muy bonita y que sé que será algo que no olvidaré nunca. Me llevó a su casa, obviamente tomando las medidas de seguridad que yo creyera conveniente. (O sea que llame a mi mejor amiga al llegar, luego le envie algunos mensajes mientras estaba allí y volvi a llamarla cuando me marché).
Como digo, sacó una cajita de un cajón del mueble del comedor, y mostrándomelo lo abrió mientras me decía:
- ¿Quieres ser mi sumisa?
En la cajita había un collar con un nombre escrito Sumisa Karenc, el corazón me dió un vuelco y por supuesto le dije:
- Sí, quiero.
Me abrazó feliz, y me puso el collar con toda la ceremonia que pudo. Luego me dió algunas instrucciones, como son:
- Me llamarás Señor cada vez que te dirijas a mí en una sesión.
- Limitaremos la relación Amo- Sumisa sólo a las sesiones que realizaremos tres veces por semana a determinar dias y horas.
- Me obedecerás en todo lo que te pida para que seas mi Sumisa.
- Sólo puedes tener un Amo, que soy yo.
- Tu cuerpo, es desde hoy, de mi propiedad.
- No puedes tocarte, acariciar tus pechos, culo y sexo, ni darte placer, sin mi permiso. Seré yo quien lo haga desde ahora.
Acepté todas sus condiciones y así nos convertimos en Amo y Sumisa.
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